Los que no creen
Me acuerdo, cuando era chico, en el supermercado (eso dice mucho de la calidad de un libro, creo) vi que vendían un libro que se llamaba “En qué creen los que no creen”, o algún título similar. Y ahí me quedé pensando, porque en teoría yo era uno de los que “no creía”, y entonces pensé “en qué creo?”. Y la respuesta llegó una millonésima parte de segundo después, con un aliviante y contundente “en nada”. Y sí, menos mal. Porque una cosa es creer, en el sentido de sospechar, de suponer, poder razonar que si un experimento da tal resultado entonces se puede creer que se debe a tal cosa.
Después está el otro. El “creo en Dios”, que es equivalente a “creo en los dragones”, “creo que no venimos del mono”, “creo que soy hijo de extraterrestres”, “creo que el nuevo presidente de los Estados Unidos puede ser bueno”. Ese tipo de creencias, que es un “creer porque sí”, simplemente creer porque se tiene ganas. Porque obvio que es más lindo creer en Dios y creer que después de morirse uno no se muere si no que va a la vida eterna, que creer que te moriste y chau. Ese cree porque quiere, aunque supongo que en el fondo le debe caber la certeza de que simplemente es un “pensamiento placebo” y se está mintiendo a sí mismo. Ese tipo de creencias son deseos, deseos deformados que se transforman en ansias de que sean cierto, y en la fase final está la creencia con seguridad que son así. Es un proceso complejo de distorsión del pensamiento, que comienza con el simple deseo y termina con la torcedura del sistema lógico con el cual se maneja nuestra mente y termina finalmente en una incoherencia entre tantas. Y hay (habemos, probablemente) muchos de esos, y con muchos pero muchos de esos nudos incoherentes flotando en la cabeza. No pasa solamente con creer en Dios, pasa con creer en cualquier banana, con creer en que ese tipo o tipa que te dejó y te metió los cuernos 30932148 veces, si lográs que vuelva con vos, seguro que va a cambiar, o seguro que lo vas a poder hacer cambiar. No, no es así. Crees eso porque en realidad lo deseás, en alguna parte de tu mente sabés que es cierto, pero el deseo de vivir la ilusión es más fuerte que vivir la realidad. Todos en algún punto estamos montados en una especie de nube de fantasía, que probablemente sirva de motor. Cuánta gente se deprimiría y se suicidaría si tomara auténtica conciencia de su finitud, y que realmente se va a morir y ahí termina todo? Cuánta gente estaría en pareja, planificaría, tendría hijos, si pensara que el amor es pasajero y que hay altas chances que eventualmente se vaya todo a la mierda? Cuánta gente ahorraría y trabajaría en un trabajo de mierda espantoso con un sueldo de porquería pensando en comprarse la casa propia si realmente asumiera la posibilidad de quedar en bolas con una hipoteca?. En el fondo, supongo que lo saben. No todos, pero me cuesta creer que todos tienen tanta capacidad de autoengaño. La mayoría lo sabe, pero de alguna manera esa es la ilusión de la que se agarran para seguir adelante. “En algo hay que creer”, escuché decir muchas veces.
Y a mí me parece que está mal. Creo que todos seríamos mucho más felices si fuéramos plenamente concientes de dónde estamos parados y qué es lo más real, en vez de vivir flotando en la boludez. Si no nos gusta que otro nos mienta -aunque nos demos cuenta que nos estén mintiendo- por qué habríamos de estar cómodos con mentirnos a nosotros mismos? Yo entiendo que hace mil años caía un rayo y podías decir “uy, mierda, eso es una señal que Dios existe”, pero en los tiempo que corren, no me jodan. Cree el que quiere. Lo que me perturba es que en algún momento algunos se la terminan creyendo.
A veces me pongo a pensar que la óptica se podría invertir, y en vez de preguntarse “en qué creen los que no creen?” uno, si se autopostula para pararse del otro lado, qué se preguntaría? Si uno sostiene que no tiene lugar para ese tipo de inconsistencias lógicas, podría preguntar mirando a la orilla de enfrente “En qué piensan los que no piensan?”. Y ojo, con “los que no piensan” no quiero dejar implícito que los que creen “son boludos”. Me refiero a “los que no piensan” como aquellos que en vez de mantener un sistema “lógico” de pensamientos o incluso creencias, pueden convivir consigo mismos sin cuestionarse cosas, o pensando “debe haber otra cosa”, “para mí hay algo más”, etc etc etc. En algún punto creo que son los más propensos en caer en la categoría “los que creen”, pero eso es puro prejuicio de mi parte, lo reconozco. No puedo dar fe que todos los que caen en la categoría “no creen” caen automáticamente en “piensan” y viceversa, pero no me sorprendería si hubiera una tendencia de esas. Pero decirlo así parece duro, parece despectivo, parece adjudicarse cierta capacidad superior. Pero no es así. Simplemente lo expongo para que vean cómo es que está mucho más aceptada la postura número 1). Vender un libro con “en qué creen los que no creen”, es como si fuera para tratar de entender a ese “grupete” de gente “que no cree” ———acá mejor aclaro que ni lo toqué el libro, por ahí el libro trata de otra cosa, pero a lo que voy es al metamensaje detrás del tíulo——— y bueno, vamos a ver “cómo es que se las arreglan” para vivir igual, esa “gente sin esperanza” o alguna boludez similar. Eso está bien, esa postura está bien, está aceptada. Por qué? Porque la mayoría está flotando en la fantasía. Simplemente por eso.